Capilla funeraria en Hoyos. Cáceres V. 1.0

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La sala velatorio responde a unas estrictas necesidades programáticas (y normativas) por un lado y al respeto por el entorno natural en el que se encuentra por otro. Ambos objetivos no pueden verse en contraposición: son dos caras del mismo problema. Nuestra solución al problema ha de entenderse como respuesta concreta a condicionantes de todo orden: normativos, técnicos, estéticos, funcionales y sobre todo económicos.

En las poblaciones pequeñas, el duelo por los seres queridos se vive en intenso contacto con todos los vecinos. Intimidad y vida social se entremezclan tradicionalmente en la casa del difunto. Sin embargo la institucionalización de éstas prácticas sociales deviene en la necesidad de un lugar de tránsito entre la vivienda familiar y el cementerio, un lugar público en el que sin embargo se viven las más íntimas manifestaciones del dolor.

Por lo tanto no basta con que el edificio responda a unas necesidades materiales, debe además satisfacer necesidades de tipo emocional: debe ser un espacio luminoso, abierto a la serenidad y a la reflexión.

Dado que el entorno inmediato en el que se ubica la sala es un área de carácter industrial, planteamos un edificio de vocación intimista, cerrado sobre sí mismo y abierto a un minimalista jardín y estanque interior que le independiza. Para la construcción de dicho jardín se propone una acción colectiva a través de la colaboración de los niños del pueblo en la plantación.

La edificación adquiere, a través de los muros de mampostería, el lenguaje de la arquitectura vernácula mediante el uso de materiales y técnicas locales. Este carácter tradicional se conjuga con una atípica planta poligonal y una delgada cubierta de hormigón armado que se perfora para
iluminar cenitalmente la sala común del velatorio, dibujando sobre el suelo una cruz de luz, perceptible solo determinados meses y a horas señaladas, única referencia religiosa que adquiere aquí un carácter intangible e inmaterial.

FUNERAL ROOM IN HOYOS. CÁCERES
The proposal solves on the one hand a very strict program and legal requirements and, on the other hand, a close relation with the natural environment. Both purposes can not oppose: they are two sides of the same token. The proposal could also be understood as an answer to a wider range of restrictions: legal, technical, aesthetic, functional and budget matters.

People on little villages live the lost of their loved ones into a close unity with neighborhood. Privacy and social relations used to mingle at decease's home. However due an institutionalization of these traditions, there is a need of new spaces, a kind of ephemeral housing between home and cemetery, a common place to live a deep shared sorrow.
Due to that the building not only should resolve material requirements but also consider emotional needs: It must be an bright calm space that invites to reflection.

The immediate industrial surroundings determine a closed and intimate space that opens to a little pond-courtyard , separating the building of the adjacent one.
We also propose a collaborative performance for the courtyard to be plant, counting with the village's children participation.
Masonry walls will be built using local techniques and materials, using a vernacular language that contrast with a thin concrete roof with a split that provide a zenith light, drawing a light-cross, partly visible only some months at certain hours, the only religious, immaterial, intangible presence.